PALABRAS EN EL HOMENAJE A OTTO MORALES BENÍTEZ

Por: Eduardo Rosero Pantoja
Voy a contar en esta intervención, la incidencia del doctor Otto Morales Benítez en la vida de tres nariñenses ilustres como son: Milcíades Chavez, Aurelio Arturo y Carlos Bastidas Padilla, según comunicación personal que en diversas charlas he sostenido con el doctor Otto, tanto en Popayán como en Bogotá. De paso tengo que agradecerle a él su gentileza de haber sido mi generoso interlocutor, de quien he recibido no pocos conocimientos y enseñanzas. Para él va mi saludo especial, como un homenaje que nuestro Instituto Cultural León Tolstoi le hace para celebrarle su nonagésimo año de vida fructífera y en favor de los más altos ideales humanísticos, como quiera que él representa -desde hace años- la reserva moral de la patria colombiana.
Una mañana cualquiera -de comienzos de los años noventa- pasaba yo por la vera del edificio del Área Cultural del Banco de la República, en Pasto, Nariño, cuando escuché que de ese recinto salía la conocida risa estentórea mi amigo el doctor Otto Morales Banítez. Me dije a mí mismo: “Haré todo lo posible porque me dejen entrar a saludarlo. Me imagino que debe de estar en algún acto cultural”. Entré sin estar invitado y ¡vaya sorpresa! El doctor Otto estaba en el receso del homenaje póstumo que el pueblo de Nariño le rendía a su gran hijo, el antropólogo Milcíades Chávez, en donde el doctor Otto había asistido para pronunciar la palabra inaugural del certamen. Y ocurría así porque fue precisamente el doctor Morales Benítez quien, en un momento dado del transcurrir vital de Melcíades Chávez, dedició -sin quererlo- su suerte laboral.
El caso fue que estando el doctor Otto Morales Benítez como Ministro de Agricultura, su jefe inmendiato, el presidente Alberto Lleras, le encomendó la tarea de presentar un concepto informado acerca del funcionario Milcíades Chávez, quien por sus convicciones izquierdistas podía ser -según el presidente- eventualmente dañino para la institución. El doctor Otto presentó atención al asunto y muy pronto pudo informarle a su jefe que el antropólogo Milcíades Chávez era un eminente profesional cuyo aporte científico resultaba valioso para para el conocimiento de la cultura nacional. No cabe duda de que la intervención oportuna del doctor Otto Morales Benítez sirvió para que Milcíades Chávez continuara destacándose como el especialista que dejó honda huella en el Ministerio y en los anales de las ciencias humanas nacionales.
También me ha contado el doctor Otto Morales Benítez que fungiendo él como Ministro de Trabajo, su también jefe, el doctor Alberto Lleras le consultó si el distinguido jurista y poeta nariñense, Aurelio Arturo, de pronto deseaba aceptar la Embajada de Colombia en París, habida cuenta de la prestancia de éste último como humanista y políglota. Cuenta el doctor Otto que inmediatamente se puso en contacto con su amigo el doctor Aurelio Arturo. Agrega el doctor Otto, que Aurelio Arturo, con la modestia que lo caracterizaba, lo único que acertó a decir fue: “Dígale, por favor, al doctor Lleras, que prefiero que me ayude a consiguir un cargo en un juzado de algún pueblo de Cundinamarca”. Esto lo decía un profesional que ya se había sido distinguido como magistrado y se le consideraba uno de los mejores poetas de Colombia y de América, de todos los tiempos.
Me consta del apoyo que el doctor Otto Morales Benítez dio a mi amigo el abogado y colega universitario, Carlos Bastidas Padilla, prolífico escritor, famoso allende las fronteras por su temprano ensayo: “El intrépido Simón”, libro que es manual para niños y jóvenes en la hermana República Bolivariana de Venezuela. Quiero recalcar el hecho de que el doctor Otto, desde siempre, creyó que Carlos Bastidas Padilla era el literato más adecuado para desarrollar la biografía del general Santander, en una versión análoga a la de “El intrépido Simón”. Dicho y hecho. En los años noventa el doctor Otto Morales Benítez le despachó a Carlos Bastidas Padilla, hasta Popayán, más de un centenar de libros sobre la vida y obra del general Santander.
Soy testigo de que el escritor Bastidas Padilla leyó y estudió todo ese material con detenimiento. Producto de esa investigación del literato y del apoyo decidido del doctor Otto Morales Benítez, el proyecto se convirtió en realidad y hace unos cuatro años vio la luz el libro: “Un hombre que brillaba bajo el sol”, una pieza de Carlos Bastidas Padilla que encomia la trayectoria del general Santander, uno de los artífices de nuestra independencia y de la organización de la república.
Remataré este escrito refiriéndome a la importancia que el doctor Otto Morales Benítez ha tenido sobre mi modesta producción de escritor y sobre la influencia benéfica de su presencia espiritual y de su obra sobre mis hijos, quienes consideran al doctor Otto, el mejor ejemplo a seguir, entre todos los ciudadanos colombianos. Ellos son sus amigos personales y se acuerdan de él todos los días porque tienen que leer para instruirse y poder escribir con sustancia y coherencia. Puedo decir que a pesar de su corta edad ya son escritores que han surgido bajo su influjo, aunque ellos consideren que todavía son literatos en ciernes.
Debo consignar, con modestia, que bajo la influencia del doctor Otto Morales Benítez he seguido año tras año escribiendo artículos, ensayos y canciones que he recopilado en libros que publico en la medida de mis fuerzas. Algunos de esos libros están en las principales bilbiotecas de Colombia y, por casualidad del destino, han ido a dar a la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, y a bibliotecas académicas de las Universidades de Yale, de Londes, de Praga y de Moscú. Al doctor Otto Morales Benítez mi eterna gratitud por haberme enseñado a amar las letras con acendrado amor, tal como lo han hecho decenas de escritores que lo han estudiado y han crecido bajo su positivo influjo.
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